lunes, mayo 12, 2008

LA APORTACIÓN DECISIVA DE LA FAMILIA PARA LA SOCIEDAD Y EL MUNDO - Córdoba, 25 de abril de 2008

LA APORTACIÓN DECISIVA DE LA FAMILIA PARA LA SOCIEDAD Y EL MUNDO
XIII Semana de la Familia: “La familia escuela de humanidad”
Córdoba, 25 de abril de 2008

Excmo. Sr. D. Jorge Fernández Díaz
Vicepresidente Tercero del Congreso de los Diputados
Diputado por Barcelona



Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo de Córdoba,
Señores Organizadores de la XIII Semana de la Familia,
Señoras y Señores,

Quiero que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado para el Cardenal Alfonso López Trujillo, recientemente fallecido, Presidente durante los últimos dieciocho años del Consejo Pontificio para la Familia, calificado por el Papa como “infatigable pastor, generosamente entregado al servicio de la Iglesia y del evangelio de la vida”.

También, mi agradecimiento a don Juan José Asenjo, por su amable invitación a participar en estas Jornadas centradas en el estudio de la familia. Es para mi un motivo de especial satisfacción estar aquí entre ustedes.

Llegamos hoy a la clausura de esta ya la decimotercera edición de la “Semana de la Familia” y he podido comprobar la calidad de los oradores que me han precedido. No puedo, por ello, dejar de felicitar a los organizadores por el éxito alcanzado en esta edición.

De acuerdo con los estudios llevados a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la institución más valorada por los españoles es, precisamente, la familia. Y esas mismas encuestas señalan que más del 98% de los españoles viven en familia. A ello, debemos añadir el reconocimiento del valor social de la familia establecido por el artículo 39 de nuestra Constitución, nuestra norma jurídica suprema.

Por otra parte, me parece especialmente oportuno situar, en el pórtico de mi intervención, unas palabras que S.S. Benedicto XVI nos dirigió el 8 de julio de 2006, durante el V Encuentro Mundial de las Familias, en Valencia: “La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad (…), un bien insustituible para los hijos(…). Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre y a la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en al Carta de los Derechos de la Familia[1]”.

Reflexionemos, pues, sobre este bien evidente, como nos sugiere el Santo Padre.

Siguiendo al profesor Guerra López[2], podemos decir que la familia es un tipo de fenómeno social en el que convergen tal cantidad de elementos procedentes tanto de la subjetividad de sus miembros como de los factores que integran su entorno, que siempre ha resultado difícil para las ciencias -como la sociología, la psicología, la economía, la política o la filosofía-, aproximarse a ella sin violentar su naturaleza profunda.

Así, por ejemplo, se puede intentar explicar la familia desde el punto de vista de los condicionamientos económicos que la rodean y determinan O bien considerar que la familia no es más que un momento transitorio en la dinámica antropológico-cultural que deviene hacia formas de organización social en las que ella ya no sería necesaria. O bien abundar en las aproximaciones psicológicas en las que se estudia a la familia desde el punto de vista de las vivencias, los sentimientos y el imaginario de los sujetos implicados en ella.

De entre muchas, podemos destacar la opinión de Claude Lévi-Strauss que sostiene en sus investigaciones que la unión duradera de un varón, una mujer y sus hijos es un fenómeno universal, presente en cualquier tipo de sociedad.

Estrictamente hablando y aplicando terminología científica, debemos decir que la familia natural es un “fenómeno general”, lo que significa que, aún en las situaciones en las que existen modos incompletos o irregulares respecto de ella, la familia natural se mantiene como referencia empírica y ética significativa. Dicho de otro modo, la familia natural entendida como comunidad de padres, hijos y otros miembros organizados en torno a la idea del matrimonio monogámico y heterosexual son un auténtico «imaginario general» que es tenido como arquetipo ideal y como criterio hermenéutico tanto para los individuos como para los pueblos a lo largo de la historia de la humanidad.

Amplios estudios recientes, centrados en más de 250 sociedades diversas en diferentes épocas históricas, logran demostrar que existen funciones sociales que no pueden ser desempeñadas por otras instituciones distintas a la familia. Esto permite descubrir que la familia natural es un grupo primario que se constituye por la residencia común, la cooperación y la reproducción. No es posible que una sociedad produzca los bienes, códigos y símbolos que requiere para operar sin el concurso de la familia natural como referente empírico y ético significativo.

Por supuesto, no faltan autores que subrayan que la familia natural se ha deteriorado en su función de referente simbólico general, que la familia natural no ha sido más que un estadio que habrá de ser superado tarde o temprano.

Esta idea realmente no es nueva y tiene antecedentes en el pensamiento de los siglos XVI y XVII que sostenían una posición irracional sobre la vida afectiva Bajo esta visión, el matrimonio monogámico y heterosexual no es referente para la familia. La familia será reducida a cualquier forma de convivencia en la que se comparten sentimientos de familiaridad o en la que se problematiza conjuntamente el mundo.

Agudamente, Rocco Buttiglione ha advertido que tanto esta revolución moral de hace 300 años, como sus secuelas postmodernas en la actualidad, se corresponden con “modalidades de satisfacción del instinto de la fase adolescente de la vida” pero no afrontan “las más profundas exigencias sociales que conciernen a la reproducción de la especie, a la educación y a la inserción de los jóvenes en la realidad. Además, al considerar la sexualidad sólo al nivel del instinto, tiene dificultades para colocar los fenómenos emocionales que origina y que la acompañan y que son propios del hombre, especialmente el enamoramiento y, desde luego, el amor, como fundamento estable de la familia y, por tanto, de toda la vida asociada ”.

¿Qué quiere decir esto? Fundamentalmente quiere decir que la familia natural es un grupo primario para la vida social no sólo desde un punto de vista ético sino aún desde una perspectiva pragmática y funcional ya que la sociedad y la civilización son inviables si no cuentan con ella, con su dinamismo, con sus aportes.



La funcionalidad insustituible de la familia natural.


A grandes rasgos podemos afirmar que son cinco las principales funciones de la familia natural:

1.- La solidaridad intergeneracional: la familia natural promueve la existencia de solidaridad intergeneracional (abuelos-padres-hijos, por ejemplo) que permite que los miembros de la familia al poseer diversas edades y papeles puedan recibir diversos cuidados, afectos y atenciones a través del tiempo. Se ejercita en el ámbito de lo privado, es decir, de lo propiamente intra-familiar y tiene una incidencia fortísima en el ámbito de lo público: piénsese, por ejemplo, en los ancianos que al dejar de trabajar pueden ser acogidos, sostenidos y queridos por los más jóvenes.

2.- Transmisión cultural: la familia natural educa en la lengua, las costumbres, las creencias, etc..

En el proceso de transmisión cultural los roles diferenciados del varón y la mujer contribuyen a construir una imagen comprensiva de «lo humano». La dinámica afectiva diferenciada del padre-varón y de la madre-mujer abren un horizonte educativo a los hijos que les permite introducirse a la vida, en lo real. En la actualidad no es posible dudar de la importancia que tiene el vínculo madre-hijo en la primera infancia y de la importancia de la figura del padre conforme este vínculo se transforma a lo largo del desarrollo psicológico del niño.

3.- Sociabilidad (que no socialización): la familia natural desempeña la función de proveer los conocimientos, habilidades, virtudes y relaciones que permiten que una persona viva la experiencia de pertenencia a un grupo social más amplio. La familia es una comunidad en una amplia red de comunidades con las que se interactúa cotidianamente. Las personas desarrollan su “sociabilidad” (que no socialización), gracias a que la familia de suyo socializa dentro de sí y hacia fuera de ella.

4.- Control social: la familia natural introduce a las personas que la constituyen en el compromiso con las normas justas, con el cumplimiento de responsabilidades y obligaciones, con la búsqueda no sólo de bienes placenteros sino de bienes arduos que exigen esfuerzo, constancia y disciplina,.

5.- Afirmación de la persona por si misma: La familia enseña el valor que las personas poseen independientemente de su edad, salud o capacidad económica. Es esta función la que permite descubrir existencialmente la importancia de la propia dignidad y de los derechos humanos que tienen su fundamento en ella.

Estas cinco funciones que la familia desempeña son fundamentales para la vida social en general. El derrumbe histórico de las grandes civilizaciones acontece no sólo cuando existen poderes exógenos que desafían los poderes locales sino cuando la consistencia propiamente cultural de la sociedad, que habita en la familia, al estar debilitada, hace vulnerables a las instituciones y a su capacidad de respuesta y adaptación al entorno.

Me parece importante, en los momentos actuales, ahondar en la función de la familia como ámbito de la solidaridad intergeneracional, señala la profesora Teresa López [3] podemos opinar que resulta imprescindible entender que la familia actúa como red de esa solidaridad, transmisora de cultura y tradiciones y es determinante para justificar su apoyo, puesto que la solidaridad es un principio básico del Estado social de derecho, y debería ser un objetivo prioritario para los gobiernos.

Del desempeño de estas funciones se derivan también consecuencias económicas y políticas. Los agentes que participan en la actividad económica de un país son los hogares, las empresas y el sector público y no actúan de manera aislada, sus decisiones están fuertemente interrelacionadas.

El sector público no puede ser indiferente a las decisiones que toman las familias ni a las nuevas necesidades a las que se enfrentan. Las empresas tampoco pueden ser ajenas a ellas, ya que se benefician, en términos económicos, de familias estables y fuertes.

Existen además otros ámbitos en los que las interdependencias son especialmente significativas, demostrando la necesidad de la familia para el crecimiento de un país.

En primer lugar la familia como agente inversor. El desarrollo de una economía depende, principalmente, de la capacidad de inversión en capital humano y de su formación -no sólo académica- y la parte más importante se produce en las familias. Los valores que humanizan al hombre y a la sociedad se viven y se comienzan a aprender esencialmente en ella. Por tanto, una economía que quiera crecer con estabilidad no debe preocuparse sólo de tener buenas escuelas, sino también debe ocuparse de formar personas que crezcan en ambientes familiares equilibrados y estables.

La familia es también una unidad de ahorro y consumo. Sus actuaciones permiten reducir los costes que supone para la sociedad la labor de formación. Es además unidad de consumo e inversión que actúa de manera muy diferente a la de otros agentes económicos, y especialmente, a las de los individuos que viven solos.

Y en tercer lugar la familia lleva a cabo una clara función redistributiva de la renta. Por ejemplo, cuando se tienen hijos se incurre en unos costes adicionales que provienen de su educación y formación, y de cuyos resultados y logros nos beneficiamos todos, especialmente los mayores, y no únicamente aquellos que han tenido hijos. Esto significa que llevan a cabo una redistribución de renta entre personas, entre generaciones e incluso entre territorios (piénsese en las remesas dinerarias remitidas por los emigrantes a sus países de origen).

En definitiva la familia actúa como una red de protección primaria que alcanza a muchas personas y que si se rompe hará inviable la estabilidad social.

La necesidad de arbitrar políticas públicas de familia no está basada en circunstancias coyunturales, puesto que existen argumentos más sólidos y duraderos. Es necesario reflexionar en torno a ellos y trabajar en la elaboración de nuevas propuestas, acordes con la realidad de las situaciones a las que se enfrentan. Las mejores políticas de familia no son exclusivamente de tipo económico. Para tratar de mejorar su calidad de vida es preciso tener en cuenta, además de su nivel de renta, otros factores y su puesta en marcha exige mucha imaginación y mucha voluntad política. Estableciendo una normativa a su favor, se trabaja por la igualdad de trato entre todos sus miembros y se defienden sus derechos: el de la mujer a entrar y permanecer en el mercado de trabajo, el de los hijos a ser cuidados por sus padres, el de éstos a educar a sus hijos, etcétera.

En este sentido, a finales del año 2006, en Gran Bretaña la defensa de la familia empezó a verse ya como una pieza central de la política social y no como un tema para moralistas. Se trata de una de las principales apuestas de la modernización y el cambio de imagen del Partido Conservador. Más que una cuestión ética o ideológica, consideró este partido que se trata ya de una necesidad, y quizá se pueda convertir incluso en un problema de supervivencia.

David Cameron, líder del Partido Conservador, en el acto de presentación del informe “Breakdown Britain”, que analizaba las causas de la conflictividad social que afectan a los británicos, en especial a los jóvenes, declaraba: "Las familias son la fuente última de la fuerza o la debilidad de nuestra sociedad. Las familias importan porque casi todos los problemas sociales que afrontamos dependen de la estabilidad familiar. Si los índices de matrimonio suben, si los de divorcio descienden, si más parejas permanecen juntas por más tiempo, ¿sería mejor nuestra sociedad? Mi respuesta es sí. Y por lo tanto yo estableceré un sencillo test para todas y cada una de nuestras políticas: ¿Ayuda a las familias?"

Señoras y señores, esta simple pregunta -¿ayuda a las familias?-, aplicada a cada uno de los actos administrativos o legislativos emanados de nuestro Estado… ¡cuanto podrían cambiar las cosas!

Al igual que ahora es preceptivo que todo Proyecto de ley vaya acompañado de una “Memoria económica” y de un “Informe sobre el impacto por razón de género”, ¿por qué no acompañarlos con un “Informe sobre el impacto sobre las familias”?


Situación actual


Refiriéndonos ahora, en concreto a nuestro país, todos hemos podido observar como, ante las críticas de aquellos que no coinciden con las medidas legislativas relativas a la familia promovidas por el Gobierno, el PSOE ha venido empeñándose en destacar las políticas sociales que el Ejecutivo ha desarrollado para favorecer la vida de las familias. Pero, en mi opinión, lo que hay que analizar es si bastan estas ayudas materiales para que prospere la familia, cuando por medio de otras leyes lo que se hace es relativizar sus propiedades esenciales.

El Gobierno recuerda que a lo largo de estos años ha establecido medidas para promover la natalidad, para conciliar la vida laboral y familiar, para favorecer a las familias de los jubilados con pensiones más bajas, para apoyar a las familias con personas dependientes, para que los hijos de familias con menos recursos dispongan de más becas...

Probablemente son estas las leyes que han contado con más respaldo político, también a veces de la oposición. No ha habido apenas críticas contra ellas. Tampoco de la Iglesia.

Lo que se le reprocha al Gobierno es la incoherencia en su política familiar, pues no pocas veces los cambios en el derecho de familia tienen unos costes sociales que después se intenta paliar con prestaciones económicas.

Se crea el subsidio de 2.500 euros por nacimiento de un hijo, mientras que una aplicación laxa y fraudulenta de la ley del aborto hace que uno de cada seis embarazos en España no llegue a término, lo que no favorece ni el respeto a la vida ni la natalidad.

El divorcio exprés permite divorciarse a los tres meses del matrimonio sin separación previa, incluso por imposición unilateral de uno de los cónyuges, lo que se ha traducido en un aumento del 74% en el número de divorcios en un año.

Son bien conocidos los efectos de esta inestabilidad familiar, que a menudo tiene secuelas de precariedad económica de las familias a cargo de un solo cónyuge, problemas psicológicos y de fracaso escolar de los hijos, y dificultades para el pago de las pensiones. Pero a la vez el Gobierno predica la necesidad de la conciliación de vida laboral y familiar, para que ambos padres atiendan a los hijos; lamenta que tantos padres hayan abdicado de sus responsabilidades educativas y explica buena parte del fracaso escolar por las carencias de las “familias desestructuradas”.

De una parte, aprueba una ley que puede suponer una importante ayuda a los familiares que tienen a su cargo personas discapacitadas dependientes; de otra, la filosofía y la práctica que inspira el divorcio fácil es que no hay compromiso permanente, por lo que cabe preguntarse si en el futuro muchos mayores dependientes van a encontrar familiares que se ocupen de ellos.

Por un lado, se aprueba una ley para favorecer una presencia equilibrada de ambos sexos en la vida pública y profesional, con la idea de que así se integra mejor los enfoques masculino y femenino al abordar los problemas; en cambio, ya no hace falta que un niño tenga padre y madre, pues puede ser fruto de la inseminación artificial de la mujer sola o ser adoptado por una pareja del mismo sexo, lo que se supone que no implica ninguna carencia en su educación.

En fin, no cabe olvidar que este Gobierno, que califica de fundamentalistas y ultraconservadores a los críticos, y se presenta como símbolo de la moderación, empezó su andadura con una actitud realmente extremista en el derecho de familia: entre las diversas posibilidades de regular las uniones homosexuales, optó por abrirles el camino del matrimonio, solución que solo había sido adoptada por escasos países.

En la reforma de la ley del divorcio, el Gobierno hizo caso omiso del dictamen del Consejo de Estado, que no es ninguna dependencia de la Conferencia Episcopal, y que advirtió que ese modelo de divorcio “no es lo que rige en nuestro entorno jurídico y cultural”. El divorcio unilateral sin causa, decía el dictamen, “es realmente excepcional, y aceptado, siempre con plazos, en dos países nórdicos (Finlandia y Suecia), más alejados de nuestra tradición jurídica”.

Vistos los resultados, no parece exageradas las críticas suscitadas desde la Iglesia, señalando la formación de un clima cultural y social que “relativiza radicalmente la idea misma del matrimonio y de la familia”, y que fomenta un tipo de relaciones entre varón y mujer “opuestas al valor del amor indisoluble y al respeto incondicional a la vida desde el momento de la concepción a la muerte natural, realidad social posibilitada y favorecida jurídicamente por las leyes vigentes”.

A este respecto, podemos traer aquí las palabras del Papa Benedicto XVI[4]: “Las diferentes formas actuales de disolución del matrimonio, como las uniones libres y el “matrimonio a prueba”, hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo, son por el contrario expresiones de una libertad anárquica que se presenta erróneamente como auténtica liberación del hombre”.

Ante esto, el Gobierno lanza una cortina de humo cuando presenta la postura de los críticos como si pretendieran la imposición de una convicción religiosa, mientras que la del Gobierno estaría abierta a todas las ideologías. En realidad, la aprobación de una ley supone siempre el espaldarazo a un tipo de convicciones frente a las contrarias. Y el que una ley se apruebe por mayoría parlamentaria no la hace inmune a las críticas, no solo de la oposición política, sino también de la sociedad civil. Y una de las voces más representativas de esa sociedad civil es la de la Iglesia católica.

Pero el Gobierno socialista está todavía anclado en una idea de la laicidad que le lleva a denunciar como injerencia política cualquier pronunciamiento de la Iglesia católica sobre leyes civiles.

Por ello, me parece necesario dedicar una reflexión al laicismo como presupuesto previo desde el que se está atacando a la familia.


El laicismo


Al hilo de lo que acabo de decir, me parece especialmente importante recordar que la sociedad española de hoy es una sociedad plural, culturalmente cristiana pero profundamente secularizada. No obstante, desde un punto de vista sociológico, conviene señalar que un ochenta por ciento de los ciudadanos españoles mayores de dieciocho años se definen a sí mismos como católicos, de acuerdo con las encuestas del CIS.

Es evidente que esa autodefinición no implica, necesariamente, ni una practica religiosa ni una vida ordinaria coherente con la fe que se afirma. Sin embargo, este dato no debe hacernos infravalorar la potencia cultural, ética y moral que expresa un porcentaje de esas características. En un ambiente cultural como el actual esa realidad social sólo puede entenderse como una confirmación más de la presencia entre nosotros de un auténtico patrimonio de civilización herencia de nuestras raíces cristianas.

Pero si es necesario denunciar que el peligro para la libertad y para la democracia -"cuya fuerza depende de los valores que promueve"[5]- es el laicismo, es decir, querer encerrar las convicciones religiosas en el ámbito de lo privado negándoles cualquier relevancia publica. Hay países en donde el laicismo se ha desarrollado hace mucho tiempo, pero es en España donde de manera especial vemos en estos tiempos que se quiere imponer de forma tan descarada como implacable. Es muy importante a estos efectos, que tomemos conciencia de que "apoyando nuestro patrimonio cristiano es como podemos derrotar esta cultura laicista"[6].

La España de hoy está organizada jurídicamente como un Estado aconfesional. Por tanto, los poderes públicos tienen el deber de respetar las creencias religiosas de los ciudadanos y cooperar con la Iglesia católica y con las demás confesiones en la medida en que se correspondan con las creencias religiosas de los españoles. Pretender, por tanto, convertir el Estado en laico, aún reconociendo las diversas acepciones que la palabra admite, no puede significar en la práctica sino la pretensión de una mutación constitucional sin mandato alguno para ello.

Lo que me propongo es dejar sentado que hoy se pretende políticamente desnaturalizar o vaciar de contenido la definición constitucional de aconfesionalidad del Estado. Esta aconfesionalidad expresa neutralidad, que no indiferencia, de los poderes públicos ante el hecho religioso como garantía expresa de la libertad religiosa y de la libre expresión de esas creencias en el ámbito público, reconociéndolas como un bien jurídico a proteger.

No hago referencia a esta cuestión desde un planteamiento teórico, hipotético o académico. Todo lo contrario. Lo planteo desde una perspectiva actual y política para poner de relieve que uno de los graves riesgos ante los que se encuentra la sociedad española, en mi opinión, en estos momentos es, precisamente, el de intentar imponer una nueva religión oficial y obligatoria, el laicismo que niega el derecho a la libertad religiosa, ofende a los valores y creencias de una buena parte de la sociedad española y es contraria a nuestra identidad cultural e histórica.

He hablado de Estado laico que sólo puede entenderse como un Estado distinto del definido en nuestra Constitución y por tanto con la acepción especifica de laicista. Pero el riesgo va más allá del Estado y se extiende, ahora, a la propia sociedad. Cada día es más frecuente escuchar, desde elevadas instancias del poder, la voluntad política de transformar la sociedad española en una sociedad laica. Cualquier atento observador de la realidad española puede percibir como esa voluntad se va materializando de forma difusa pero constante. Baste una frase como paradigma de esta afirmación: "respetamos a la Iglesia pero la fe no se legisla[7]"

Esta frase: "la fe no se legisla", es el paradigma del laicismo, y muy particularmente del laicismo que se nos quiere imponer aquí y ahora en España. Por ello es de vital importancia salir al paso de esa expresión con opiniones claras y argumentos sólidos a fin de desenmascarar tanto la intolerancia que encierra como la inconsistencia argumental que la sostiene.

Es evidente, por ejemplo, que la obligación religiosa de los católicos de asistir a misa los domingos no puede nunca ser regulada desde el ordenamiento jurídico positivo del Estado. Pero estoy seguro de que el autor de aquella frase -la fe no se legisla- no nos estaba queriendo decir esa obviedad. Más bien me parece que nos debemos situar en el plano de las convicciones, donde existe una doble patología: la del fundamentalismo y la del relativismo.



El relativismo cultural y moral.

Los fundamentalistas afirman una verdad que no necesita el consentimiento de la libertad de los otros para ser asumida mientras que, por su parte, los relativistas afirman una libertad que no tiene el deber de reconocer la verdad[8]. Lo cierto es que "verdad y libertad o bien van juntas o juntas perecen miserablemente"[9].

Debemos recordar, a este respecto, que el buenismo marcha de la mano del relativismo. No es nueva la afirmación de que "admitir que nada es verdad ni mentira, sobre todo a la hora de hacer uso del poder, sería una exigencia obligada para frenar toda tentación autoritaria". [10]

Pues bien, el fundamentalismo laicista -que se esconde tras la expresión "la fe no se legisla"- confunde voluntariamente laicidad con laicismo y pretende que aceptemos sus verdades -como todo fundamentalismo-, de forma acrítica.

Por otra parte, la conversión de España en un Estado laico y en una sociedad laica, consecuencia evidente del laicismo, nos llevaría, necesariamente, a "una concepción de la democracia fundada sobre el relativismo, reduciéndose meramente a un procedimiento de toma de decisiones por mayoría"[11].



La laicidad del compromiso político.


La ley es -según la conocida definición-, una "ordenación de la razón al bien común promulgada por quien tiene a su cargo la comunidad"[12].

Por ello, debe ser salvaguardada la tutela y "la promoción de la familia, fundada en el matrimonio evitando introducir en el orden público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible rol social"[13].

Así también, la libertad de los padres en la educación de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido además en las Declaraciones internacionales de los derechos humanos. Del mismo modo, se debe pensar en la tutela social de los menores y en la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud (piénsese, por ejemplo, en la droga y la explotación de la prostitución)[14].

Estos principios están inscritos en la naturaleza humana y por lo tanto son comunes a toda la humanidad[15]. Defender estos principios, por tanto, no es "legislar la fe" sino que es defender a la persona, y, al actuar así en política, no se hace de manera confesional sino en defensa de la dignidad de la persona humana.

Por resumir, hoy en España, el discurso laicista se fundamenta en una especie de silogismo en el que a la premisa mayor le corresponde la afirmación de que sus propuestas se derivan necesariamente de la Constitución, de la democracia y del pluralismo. A la premisa menor le correspondería la afirmación de que sus iniciativas -sobre la vida, el matrimonio, la familia, la educación, etc.- aparecen vinculadas necesariamente a la tolerancia y al consenso social. De esta forma, la conclusión inevitable resulta ser que toda oposición hacia esas propuestas está fundamentada en convicciones intolerantes por ser incompatibles con el pluralismo social y la aconfesionalidad del Estado.

Puesto que como ya dijimos, a la política le corresponde el ámbito de la razón, conviene afrontar una de las ideas que con más eficacia circulan implícitas y explícitas a este discurso. La de una supuesta tolerancia con base en la cual nadie puede imponer sus convicciones a los demás. Es demoledor el argumento que con frecuencia se oye decir: "Si a usted le parece mal, no lo haga, pero deje que los demás lo hagan si les parece bien" y su correlativo "¿Quién soy yo para decir a los demás cómo han de organizar sus vidas?"[16]

Puedo asegurarles, desde mi experiencia personal, que en los debates parlamentarios correspondientes a las iniciativas legislativas, por ejemplo, sobre el matrimonio, es recurrente esta idea. "A nadie se le obliga a divorciarse, entonces ¿por qué os oponéis a que lo haga quien lo desea? Podemos cambiar divorcio por aborto pero es curioso observar como el argumento ya no sirve para limitar o prohibir, por ejemplo, el tráfico de armas o de drogas o simplemente circular a más de 120 km por hora. Lo falaz de esa argumentación pone de manifiesto la jerarquía de valores y de bienes jurídicos a proteger, pero eso no quita eficacia a la argumentación.

Y termino. Pero antes, quisiera dejar sentados algunas de las cuestiones y problemas pendientes de resolver en el ámbito de la familia.

1.- La incorporación creciente de las mujeres al trabajo y las nuevas responsabilidades asumidas han sido fuente de nuevos problemas que hoy no encuentran solución adecuada. Persisten importantes diferencias laborales entre hombres y mujeres. Hoy, es necesario adoptar medidas que permitan conciliar la vida familiar y laboral, de manera que nadie tenga que elegir entre la familia y el trabajo.

2.- El progresivo descenso de la natalidad acaecido en España en los últimos años y el envejecimiento progresivo de la población proyecta graves sombras de futuro sobre la economía, con incidencia directa en las expectativas de protección social, productividad y capacidad de crecimiento. Sin embargo, todas las encuestas revelan que las mujeres españolas desearían tener más hijos y que si no lo hacen es principalmente por motivos económicos.

3.- Las últimas modificaciones legales introducidas en la familia se han caracterizado por fomentar directamente su inestabilidad (divorcio exprés, matrimonio homosexual) sin que simultáneamente se hayan adoptado medidas dirigidas a paliar sus efectos (mediación familiar) o son decisiones pretendidamente reconocedoras de derechos individuales que no tienen el suficiente respaldo social ni científico (adopción en el matrimonio homosexual, posibilidad de reconocimiento en el matrimonio integrado sólo por mujeres). Esas modificaciones revelan un profundo cambio en la forma de entender la familia, y desestructuran sus bases tradicionales (el matrimonio prácticamente se independiza de la familia, al ser configurado sólo como una forma de organización de la vida en común de la pareja), con efectos apreciables sólo en el largo plazo.

4.- El régimen fiscal es discriminatorio para las familias. En el IRPF, según las fuentes y el número de perceptores. Y en los demás tributos, la familia es prácticamente desconocida.

5.- Las mayores dificultades las encuentran las familias numerosas. Los beneficios fiscales y económicos aplicables son casi simbólicos. A las familias numerosas se deben equiparar las familias en situaciones especiales (con personas con discapacidad o con enfermedades que limiten la autonomía personal de sus miembros).

6.- En esta situación, la familia española se encuentra a la cola en el régimen de contraprestaciones que recibe del sector público (0.5 por cien del P.I.B., frente al 2.2 por cien de media de la UE, según datos de EUROSTAT 2.006).

Y ya, por último, me permito volver a recordar, por su importancia, que todas las funciones que la familia desempeña de manera insustituible, tienen una indudable repercusión económica. Y, no sólo al generar riqueza directamente, sino también al producir un importante ahorro de costes. Las deficiencias en el funcionamiento de la familia tienen que ser compensadas con la intervención pública. Esta intervención, además de tener un carácter sustitutivo y, por tanto, de menor valor que el original, genera importantes costes. De manera que podemos asegurar, con rotundidad, que la familia es el futuro del Estado del Bienestar.



Señoras y señores, Juan Pablo II, en el contexto del Gran Jubileo del año 2000, quiso ofrecer a los políticos y a los gobernantes, la protección de un Patrono especial: el santo mártir Tomas Moro.

A su intercesión nos acogemos para que nos obtenga, como señaló Juan Pablo II, "fortaleza, buen humor, paciencia y perseverancia". Para poder ser "imitadores suyos, testigo valiente de Cristo e integro servidor del Estado"[17].

Muchas gracias.

[1] Discurso del Papa Benedicto XVI en la Vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias. Valencia, 8 de julio de 2006.
[2] Rodrigo Guerra López, “¿Familia o familias?”, Conferencia Internacional de Doha por la Familia – ONU, 2004
[3] Teresa López López. Familia y Política. 2008
[4] Discurso de Su Santidad Benedicto XVI en la apertura del Congreso Eclesial de la Diócesis de Roma. Sobre la Familia y la Comunidad Cristiana. 6 junio 2005.
[5] Evangelium Vitae, 70
[6] Benedicto XVI. Discurso a los participantes en un Congreso promovido por el Partido Popular Europeo, 29 de marzo de 2006
[7] Declaraciones del Presidente del Gobierno, Europa Press, 17 enero 2006
[8]Rafael Navarro Valls. Tolerancia, laicidad y libertad religiosa. Cristianos y democracia. Pág. 94.
[9] Juan Pablo II. Fides et Ratio.
[10] Andrés Ollero. El derecho a lo torcido, en El fraude del buenismo. Ed. FAES, 2005. Véase también H. Kelsen, Forma de Estado y Filosofía, Ed. Labor. Barcelona, 1934.
[11] Andrés Ollero. Democracia y relativismo en una sociedad multicultural. Cristianos y democracia. Pág. 50.
[12] Santo Tomás de Aquino
[13] Id.
[14] Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, n. 4. Congregación para la Doctrina de la Fe, 2002.
[15] Benedicto XVI. Discurso a los participantes en un Congreso promovido por el Partido Popular Europeo, 29 de marzo de 2006
[16] Id.
[17] Juan Pablo II. Discurso a los participantes en la Asamblea de Parlamentarios con ocasión del Gran Jubileo. Vaticano, Aula Pablo VI, 4 noviembre 2000.

miércoles, diciembre 19, 2007

Pleno del Congreso de los Diputados, 18 de diciembre de 2007

MOCIÓN DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, SOBRE LAS MEDIDAS
QUE HA ADOPTADO Y PIENSA ADOPTAR EL GOBIERNO PARA FORTALECER LOS VALORES Y SÍMBOLOS QUE UNEN A LOS ESPAÑOLES.


El señor VICEPRESIDENTE (Martínez Sieso):
Pasamos al punto siguiente del orden del día: Moción
del Grupo Parlamentario Popular sobre medidas que ha
adoptado y piensa adoptar el Gobierno para fortalecer
los valores y símbolos que unen a los españoles.
Para su defensa tiene la palabra el señor Fernández.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
Señorías, el miércoles de la semana pasada tuve ocasión
de defender en nombre de mi grupo parlamentario
la última interpelación de mi grupo de este periodo de
sesiones y de esta legislatura. Esta moción trae causa de
aquella interpelación y fundamentalmente pretende
poner en valor la Constitución española de 1978, la
Constitución que ha hecho posible para España el
periodo de progreso y estabilidad democrática más fructífero
de nuestra historia y que ha de continuar siendo el
fundamento de la convivencia de los españoles en el
futuro. Esta, señorías, es la fórmula concreta que reza en
el primer punto de la moción que sometemos a su consideración.
Merece una explicación, aunque sucinta, el porqué de
una moción de estas características. Cuando acabamos
de conmemorar el 29 aniversario de la aprobación de
nuestra Constitución puede parecer una obviedad instar
al Congreso de los Diputados a reafirmar la convicción
de que esa Constitución ha de continuar siendo el fundamento
de la convivencia de los españoles para el
futuro, dado que —como he dicho anteriormente— ha
significado y ha hecho posible para España el periodo
más largo de progreso y estabilidad. La explicación es
lo que ha sucedido en esta legislatura. Se empezó por
cuestionar el fundamento mismo de la Constitución en
la medida en que se puso en cuestión a la nación española,
que según el artículo segundo de la Constitución
española es el fundamento de la misma. Si la nación
española es un concepto discutido y discutible es evidente
que la Constitución, que encuentra en ella su
fundamento, es discutida y discutible. Si añadimos a ello
que se han puesto en cuestión y se han roto consensos y
pactos de Estado —explícitos e implícitos— que hicieron
posible en su día el pacto constitucional y después el
desarrollo de la Constitución en los aspectos que afectan
a la arquitectura institucional que esa Constitución
definía para el Estado, es evidente que no es ocioso ni
obvio en absoluto que en este momento, en que se acaba
ya esta VIII legislatura, queramos efectuar esa reafirmación
con la solemnidad propia de una votación en el
Pleno de esta Cámara.
Señorías, como todos ustedes saben, la historia del
constitucionalismo español a lo largo del siglo XIX y de
buena parte del siglo XX no ha sido precisamente exitosa.
Con la excepción de la Constitución de 1812 y la
Constitución de la Restauración canovista de 1874, el
resto de constituciones del siglo XIX y el siglo XX hasta
llegar a 1978 ha sido fundamentalmente la historia de
un fracaso. Ello porque la Constitución expresaba la
relación de poder de cada momento. El grupo que detentaba
el poder imponía a la otra parte de España su constitución.
Aquello dio lugar, como saben ustedes, al
famoso trágala; una parte de España le imponía el trágala
a la otra parte de España. Lógicamente, cuando la correlación
de fuerzas, por unas u otras circunstancias —en
muchos casos con ocasión de asonadas militares—
variaba, la otra parte imponía su constitución. Así hemos
estado, como digo, hasta la Constitución de la Restauración
canovista de 1874. Después, es evidente que la
Constitución de la II República llevó precisamente el
germen de la guerra civil, en la medida en que fue una
Constitución de una parte de España contra la otra parte.
Eso —en mi opinión no es el momento ahora de desarrollarlo,
ni es mi voluntad— lo hemos visto con ocasión
de los recientes debates sobre la Ley de Memoria Histórica.
Vimos efectivamente que esa Constitución, por
desgracia, ya llevaba el germen de lo que después fue
una discordia, un conflicto civil, que finalmente degeneró
nada más y nada menos que en guerra civil. Después
del franquismo, los constituyentes españoles tenían
muy clara la historia de España; tenían muy claro que
no podíamos seguir así y, en un ejercicio de patriotismo
y de responsabilidad, se propusieron y consiguieron
hacer una Constitución de todos y para todos, una Constitución
de consenso, una Constitución de concordia, una
Constitución con la que pudieran gobernar unos y otros;
y así ha sido. Desde 1978 ha gobernado en España la
Unión de Centro Democrático, ha gobernado en España
el Partido Socialista con mayoría absoluta y en minoría
y ha gobernado el Partido Popular con mayoría absoluta
y en minoría; es decir, ha gobernado prácticamente todo
el espectro político de esta Cámara de una u otra manera,
sin necesidad de cambiar la Constitución, lo cual en sí
mismo ya quiere decir mucho a favor de esa Constitución
y mucho a favor de los constituyentes. Ese consenso se
materializó especialmente en la Constitución a la hora
de decidir y a la hora de resolver consensuadamente
cuestiones polémicas que nos habían dividido en los
siglos XIX y XX, como, por ejemplo, la forma de Estado
—monarquía o república—, en la que se pactó la monarquía
parlamentaria; la forma de Estado —Estado unitario
centralista o Estado descentralizado— en la que se pactó
el título VIII, o la cuestión religiosa, sobre la que se llegó
a la definición del Estado aconfesional en el artículo 16,
complementado con el artículo relativo a la libertad de
enseñanza y al derecho a la educación del artículo 27.
Se llegaron a grandes consensos y en ese clima de consenso
se desarrolló la Constitución, de manera muy
especial en lo que hacía referencia a su organización
territorial, el título VIII. Ahí están todos los pactos que
los dos grandes partidos nacionales, cuando menos —
primero, UCD y PSOE y, después, PSOE y PP— han
hecho para desarrollar los estatutos de autonomía que,
desarrollaron la Constitución en el ámbito territorial. Así
ha funcionado el Estado de las autonomías hasta esta
legislatura, en la que, rompiendo lo que ha sido una
tradición de pacto y de consenso en las grandes cuestiones
nacionales de los dos grandes partidos nacionales,
el Gobierno del señor Zapatero, unilateralmente, promovió
y elaboró un nuevo estatuto de autonomía, el
Estatuto de Cataluña, marginando al principal partido de
la oposición, rompiendo el consenso del título VIII de la
Constitución y rompiendo lo que había sido una tradición
de pacto de Estado para su desarrollo desde 1978 hasta
los pactos autonómicos de 1992.
Por ello, señorías, nosotros con esta moción queremos
volver a hacer una llamada al consenso, al sentido de
Estado del conjunto de la Cámara y especialmente del
Grupo Socialista para que esta forma de gobernar no se
reproduzca en el futuro y esta moción que cierra la legislatura
sea como el frontispicio de lo que debe ser la
próxima: la vuelta al consenso, la vuelta al sentido de
Estado, la vuelta al sentido de la responsabilidad.
Muchas gracias. (Aplausos.)

lunes, diciembre 17, 2007

Pleno del Congreso de los Diputados, 12 diciembre 2007

INTERPELACIÓN URGENTE DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, SOBRE LAS MEDIDAS QUE HA ADOPTADO Y PIENSA ADOPTAR EL
GOBIERNO PARA FORTALECER LOS VALORES Y SÍMBOLOS QUE UNEN A LOS ESPAÑOLES.

El señor PRESIDENTE: Punto VII del orden del día:
Interpelaciones urgentes. En primer lugar, interpelación
del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso sobre
las medidas que ha adoptado y piensa adoptar el
Gobierno para fortalecer los valores y símbolos que unen
a los españoles. La interpelación la formulará el señor
Fernández Díaz. (La señora vicepresidenta, Calvo
Poyato, ocupa la Presidencia.)

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
Señora ministra, señorías, es esta previsiblemente la
última interpelación de mi grupo parlamentario en esta
legislatura. Es un honor y al mismo tiempo una gran
oportunidad para hacer balance de España, de las políticas
que ha desarrollado y piensa desarrollar el Gobierno
para fortalecer los valores y símbolos que unen a los
españoles y, en definitiva, un balance de legislatura, un
balance de cómo está la nación española, de cómo estaba
cuando ustedes llegaron al Gobierno y de cómo se
encuentra en estos momentos. En una interpelación es
evidente que no hay tiempo para hacer un balance global
y exhaustivo de todas las facetas de la vida nacional
—económica, social, cultural, etcétera—. Por eso me
referiré, como ya he señalado, a elementos estructurales
y que conforman el ser y la identidad de la nación española.
Valores, símbolos y realidades que vertebran, que
cohesionan, que en definitiva unen a los españoles y a la
nación.
Empiezo por decir, señora ministra, señorías, que
nuestra idea de España es la idea que se ve reflejada en
la Constitución. Es la idea de la nación española plural
que se define y organiza jurídica y políticamente en la
Constitución. Es la España constitucional, de la Constitución
de la reconciliación y de la concordia de 1978.
Nuestra España y nuestra idea de España no es la de la
II República, ese régimen que acabó en una guerra civil
y que ha estado tan presente por desgracia en esta legislatura
y al que se ha referido tan reiteradamente como
presunta referencia cronológica y política previa a
nuestra Constitución el señor presidente del Gobierno.
Ni nuestra España es la España de la Ley de Memoria
Histórica que quiere romper con lo mejor de nuestro
reciente pasado, con nuestra transición política a la
democracia, volviendo a reabrir heridas y divisiones que
creíamos ya superadas o cicatrizadas por la generosidad
y la altura de miras de tantos y tantos españoles de todo
el espectro político. Una ley, la de Memoria Histórica,
ya aprobada por las Cortes, que pretende dividir a los
españoles en buenos y malos según las decisiones que
tomaron en la guerra civil sus abuelos. Señorías, ustedes
han puesto en cuestión en esta legislatura algunos de los
valores superiores consagrados en nuestra Constitución
e incluso lo ha puesto en cuestión y hoy se ha recordado,
no por mí sino por el portavoz del Grupo Parlamentario
Vasco (EAJ-PNV), el mismo fundamento de la Constitución
española, que es la nación española, cuando el
presidente del Gobierno, en sede parlamentaria, dijo
aquello que, insisto, hoy ha recordado el portavoz del
Grupo Parlamentario Vasco, que la nación —por
supuesto era la española, ¿verdad?— era un concepto
discutido y discutible. (Un señor diputado: ¡Qué barbaridad!)
Si es discutido y discutible el fundamento de
la Constitución, evidentemente la Constitución pasa a
estar tan discutida y tan cuestionada como lo ha estado
por desgracia en esta legislatura. Eran los tiempos, como
digo, señorías, en los que se discutía la nación española,
pero paralelamente brotaban naciones y realidades
nacionales por doquier. Repito que nuestra idea de
nación es la definida en la Constitución: comunidad
política e integrada por ciudadanos libres e iguales ante
la ley e iguales en derechos y en obligaciones. (Un señor
diputado: ¡Muy bien!) Hoy mismo, desde una tribuna
de prensa, un académico nos recuerda el origen etimológico
del término nación: del latín nascere, nacer, y su
origen político reciente, fruto de la Revolución Francesa,
pues anteriormente se refería exclusivamente, como
sabemos, a personas unidas por orígenes y tradiciones
comunes, incluida o no la lengua. Los nacionalistas
periféricos afirman que sus comunidades son naciones
porque las conforman pueblos con una voluntad de ser,
con identidad cultural propia, en ocasiones con lengua
específica propia y una historia propia, pero podemos
señalar que no es menos cierto por lo menos que todos
esos requisitos concurren desde hace siglos en la nación
española, y eso no es discutido ni discutible desde una
óptica seria y rigurosa salvo para el presidente del
Gobierno.
Quiero referirme ahora, señorías, a los valores, símbolos
y realidades que unen a los españoles en nuestra
opinión. El valor fundamental de la libertad que hoy
encarna —hoy— de manera ejemplar la alcaldesa de
Lizarza sustituyendo el nombre de un terrorista en la
plaza de su localidad por el de libertad: plaza de la
Libertad. Libertad para elegir el bien como ha hecho la
alcaldesa de Lizarza. Eso es libertad. Libertad ejercida
para el bien. Y no puedo dejar de señalar cómo las víctimas
del terrorismo, que siempre han sido un referente
moral para la inmensa mayoría de los españoles como
consecuencia de las torpes maniobras del Gobierno y de
su nefasta política antiterrorista, se han convertido —y
lo hemos visto, lamentablemente por desgracia, hace
muy poco— artificialmente en elementos de división, de
enfrentamiento o de confrontación incluso entre las
propias víctimas alentándose determinadas iniciativas
desde la propia Presidencia del Gobierno. El valor de la
libertad que se plasma en todos los ámbitos de la vida
de los ciudadanos y de las comunidades. Libertad de los
padres para elegir el colegio para sus hijos conforme a
sus convicciones. Libertad para que sean educados en su
lengua materna en cualquier parte del territorio nacional,
cuando además esa lengua materna resulta que es la
lengua española oficial del Estado. A este respecto,
quiero anticipárselo señora ministra, el Estatuto de Cataluña
ha estatuido, de alguna manera ha constitucionalizado,
una política de normalización lingüística que era
coyuntural y que ahora se convierte en estructural porque
evidentemente un estatuto no se puede modificar como
una ley ordinaria. Libertad de conciencia para oponerse
al adoctrinamiento de las conciencias que persigue el
Gobierno con su asignatura de educación para la ciudadanía
socialista. Hay otros valores superiores consagrados
en nuestra Constitución que, en nuestra opinión,
no han sido —sino todo lo contrario— reforzados con
las políticas del Gobierno en esta legislatura. El valor
superior de la justicia que consagra nuestra Constitución,
que ha de ser ciega para ser objetiva y ha de estar siempre
sometida a la ley, con independencia de la voluntad
política del Gobierno de turno. Si al Gobierno no le gusta
la ley tiene la capacidad de cambiarla. Lo que no puede
hacer es poner en suspenso el cumplimiento de la ley,
poner en suspenso o en interinidad el Estado de derecho
y el principio de seguridad jurídica en función de una
determinada política. Lo hemos visto, por desgracia, en
el llamado proceso de paz, proceso de negociación política
con los terroristas en esta legislatura. El valor superior
de la paz también está consagrado como valor
superior en nuestra Constitución, y es evidente que une
al conjunto de los ciudadanos. Pero hablamos de la paz
de los valientes, no la paz que desean los terroristas
alcanzar con sus procesos de negociación. Y esos son
valores consagrados en la Constitución que unen a los
españoles, pero que —y he citado la libertad, he citado
la justicia, he citado la paz— en esta legislatura, por
desgracia, no solo no han unido sino que han enfrentado
a los españoles como consecuencia de las políticas
impulsadas por el Gobierno del señor Rodríguez
Zapatero.
Otro valor superior consagrado en la Constitución y
que debe servir para unir mejor, desde la pluralidad y la
diversidad, a los ciudadanos y a los territorios es la solidaridad
interterritorial, consagrada en el artículo 2 de la
Constitución. ¿Es solidario, desde el punto de vista
territorial, que se prefiera que el agua sobrante vaya al
mar antes de que vaya a alimentar a otras comunidades
que la necesitan? ¿Qué concepto de la solidaridad personal
y territorial es ese? ¿Qué concepto de la solidaridad
interterritorial en la política del Gobierno socialista es
la que nos lleva a que las inversiones del Estado territorializadas
se predeterminan desde los estatutos de autonomía
en función del interés particular —legítimo pero
particular— y no desde el interés general que esta
Cámara y el Gobierno de la nación son los encargados
de defender y promover? Señorías, ya estamos viendo
cuáles son los frutos de la España plural del señor
Rodríguez Zapatero; uno de sus grandes ejes políticos
en esta legislatura. Estamos en estos momentos con
referendos de autodeterminación o de independencia,
anunciados por el vicepresidente del Gobierno de la
Generalitat de Catalunya al líder del partido principal
coaligado en Cataluña y en España, en sede gubernamental
o en sede parlamentaria del Gobierno socialista
del señor Rodríguez Zapatero. Referéndum de autodeterminación
para el año 2014 en Cataluña; referéndum
de autodeterminación para el año 2009 en el País Vasco.
¿Esos son los frutos de la España plural que iban a servir
para cohesionar, vertebrar y unir mejor a los españoles?
Por sus frutos los conoceréis, señoría. Estamos al final
de la legislatura y esos son los lamentables frutos que
esas malhadadas políticas han obtenido.
Hablamos de símbolos, de realidades, de instituciones.
La Corona, símbolo, según la Constitución, de la unidad
y permanencia de España, ha sido objeto en esta legislatura
de unos ataques sin precedentes, por ejemplo, con
quema masiva y organizada de retratos de Sus Majestades.
Pero ¿nos ha de sorprender esto cuando el presidente
del Gobierno reiteradamente ha aludido a la II
República como un régimen político de referencia, del
que se sentía especialmente orgulloso y que era el precedente
político de la Constitución de 1978; cuando tiene
como socios preferenciales del Gobierno a un partido
que es republicano y que es independentista? La contradicción
in terminis que significa velar por los intereses
generales de España con un partido que niega España se
puede mantener durante un corto periodo de tiempo, pero
no se puede mantener de una manera sostenida y larga
en el tiempo, y los frutos los estamos viendo.
Sigo, señorías. Los símbolos son importantes, evidentemente,
no por su contenido material, sino por su representación
institucional, por su repercusión afectiva, por
los sentimientos y las realidades que representan. En esta
legislatura hemos visto enfrentarse a selecciones nacionales
de comunidades autónomas contra la selección
española en diversas disciplinas deportivas y en competiciones
oficiales internacionales. Hemos visto cómo el
Estatuto de Cataluña, aprobado por el Parlamento de
Cataluña con los votos del Partido Socialista y con la
promoción absolutamente decidida y decisiva del presidente
del Gobierno, reconoció las selecciones nacionales
catalanas. Eso tiene mucho que ver con los símbolos,
con las instituciones y con las realidades que cohesionan
y que vertebran, que unen a los españoles entre sí. Por
tanto, vemos que junto a la pasividad en ocasiones existe
complicidad, no sé si dolosa o culpable, pero en definitiva
complicidad. Le voy a dar un dato, señora ministra,
que no sé si conocerá, pero que le hará darse cuenta de
hasta qué punto determinadas cosas no se pueden aceptar
en un país serio y sensato. Por ejemplo, el Ministerio de
Defensa está patrocinando en estos momentos, hoy, una
obra de teatro que se llama Los persas, donde se escenifica
un claro ultraje a la bandera española y, por cierto,
se critica de manera directa la presencia de las tropas
españolas en Afganistán, con el patrocinio del Ministerio
de Defensa. Está en los medios. (Rumores.) Señorías,
estas cosas están pasando, y, como le digo, esto tiene que
ver con los valores, tiene que ver con los sentimientos,
tiene que ver con las instituciones y tiene que ver con
las realidades que unen y vertebran a España, a los españoles
y a sus territorios.
Durante esta legislatura el señor Rodríguez Zapatero
ha promovido con gran eficacia una política —que si no
lo perseguía lo ha conseguido— de división y de enfrentamiento
entre territorios y entre ciudadanos: ruptura del
Pacto antiterrorista, elaboración de un nuevo Estatuto de
Cataluña sin consenso, como hasta ahora había sucedido,
de los dos grandes partidos nacionales; ha llegado a
blindar ríos, a desgajar archivos o a establecer derechos
distintos según el lugar de nacimiento o residencia.
Señorías, señora ministra, los conceptos entran por los
afectos. No se puede querer lo que no se conoce, y si no
se enseña en nuestras escuelas a los jóvenes una historia
común y compartida de España y de su geografía en su
globalidad, no se puede querer a España. Cuando se
amputa la historia de España, como vemos ahora con los
programas de estudios, para decir que España de alguna
manera nace con la modernidad del siglo XIX y se considera
prehistoria de España la Hispania romana, la
España visigótica, la Reconquista, el Islam, la España
de los Austrias, es evidente que estamos dando a las
nuevas y futuras generaciones de España una visión de
España que no tiene nada que ver con nuestra identidad
histórica y con nuestra realidad nacional.
Termino ya, señora ministra. Al acabar la Segunda
Guerra Mundial, De Gaulle y Adenauer dijeron que sus
países respectivos no podían seguir enfrentándose militarmente
como lo llevaban haciendo desde la primera
guerra franco-prusiana en 1870. Llegaron a la conclusión
de que una de las causas era que a los niños franceses se
les enseñaba a odiar a los alemanes y a los alemanes a
odiar a los franceses. Estamos hablando de dos países
que son importantes en Europa y en el mundo, que se
han enfrentado durante siglos militarmente en guerras
que han llegado a ser mundiales. Gracias a Dios en
España no estamos en esas circunstancias, pero sí que
debemos aceptar e imitar su ejemplo. Procuremos
enseñar una historia común y compartida en todo el
territorio nacional. Una cosa es gestionar el sistema
educativo y otra cosa es utilizarlo para adoctrinar ideológica
y políticamente y educar a algunos niños en el
odio a España.

La señora VICEPRESIDENTA (Calvo Poyato):
Señor Fernández Díaz, le pido que vaya concluyendo.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Eso no tiene nada
que ver con lo que el Gobierno de la nación debe
impulsar, proteger y favorecer, ni con los valores superiores,
símbolos, representaciones e instituciones que la
Constitución garantiza y ampara para ese fin.
Muchas gracias. (Aplausos.—Varios señores diputados:
¡Muy bien!)

La señora VICEPRESIDENTA (Calvo Poyato):
Muchas gracias, señor Fernández.
Señora ministra, tiene la palabra.


La señora MINISTRA DE ADMINISTRACIONES
PÚBLICAS (Salgado Méndez): Muchas gracias, señora
presidenta.
Señoría, le he escuchado con atención, pero debo
decirle que, como viene siendo habitual en ustedes, trae
aquí un relato, un cuento podríamos decir, cargado de
ruido y de exageraciones tremendistas. Ustedes, la
derecha, suelen recurrir a visiones apocalípticas. En la
elaboración de la Constitución, y especialmente en el
Título VIII, hacían y decían las mismas cosas que dicen
ahora. Ya desde entonces anunciaban desastres que, por
cierto, afortunadamente no se han cumplido. Debo
decirle que no aprenden nada de la historia y, lo que es
peor, con frecuencia intentan reescribirla. Pero además
ahora, en sus prisas por alcanzar el poder, creo que hacen
algo más: anteponen sus intereses partidistas a los intereses
del país y de los ciudadanos. En nuestra opinión,
crean falsas polémicas, avivan enfrentamientos entre
territorios y personas, porque, señorías, los conflictos
menores y las anécdotas con los símbolos, que siempre
han existido, ustedes los elevan a la categoría de problema
nacional. Se convierten en verdaderos agitadores
del frentismo y utilizan como arma arrojadiza aquello
que debe servirnos a todos como garantía de convivencia.
En su estrategia no hay ningún espacio, institución o
acontecimiento que escape a su utilización partidaria, a
su deterioro, a su crispación y a su grosera manipulación.
Quiero decirle que actualmente no hay un problema con
los valores y los símbolos constitucionales que no se
diera ya antes. Son ustedes quienes intentan amplificar
esos problemas con alarmas infundadas introduciendo
irresponsablemente en la confrontación política lo que
siempre ha estado fuera de ella y debería seguir estándolo.
He de decirle que tanto el contenido de la interpelación
como su intervención me han servido para ver sus
propias incoherencias, incoherencias, por supuesto,
como cuando hablan de consenso institucional apropiándose
de conceptos que no forman parte de su práctica
política. Todos sabemos que la Constitución de 1978
constituye el mejor instrumento con que nos hemos
dotado los españoles para asegurar nuestra convivencia
en común; al igual que sabemos que nuestra Constitución
fue fruto del consenso de todas las fuerzas políticas y no
solo de las dos principales, entre las que le recuerdo,
señoría, no se encontraba Alianza Popular, cuya refundación
dio lugar al actual Partido Popular. Porque, ¿de
qué consenso hablan? ¿Del artículo 2 de la Constitución,
que no votaron, o del Título VIII, al que se opusieron?
(El señor Campos Arteseros: ¡Muy bien!) ¿Recuerdan
sus profecías sobre el Título VIII de la Constitución, que
según ustedes nos llevaría a la destrucción pura y simple
del Estado? ¿De qué erosión del pacto constitucional
de 1978 hablan? ¿Su amnesia constitucional les ha llevado
también a olvidar su oposición a los primeros
estatutos vasco y catalán? En todo caso, también ahora
son ustedes los que se colocan fuera del consenso constitucional.
Son ustedes los que no tienen en cuenta, por
estrategia partidista, los principios de lealtad, de respeto
y de integración. Son ustedes los que utilizan —tratan
de utilizar— los acuerdos y el diálogo a conveniencia
propia. Son ustedes los que faltan al respeto a los órganos
constitucionales planteando recusaciones sobre bases
falsas, como recientemente les ha dicho el Tribunal
Constitucional. Sin duda, el sistema autonómico fue uno
de los principales aciertos de nuestra Constitución. Hoy
en día los españoles han interiorizado plenamente su
pertenencia a su respectiva comunidad autónoma y ven
de manera positiva que se avance en el desarrollo del
Estado de las autonomías, como se ha hecho a lo largo
de esta legislatura que está a punto de concluir. Las
reformas estatutarias aprobadas por las Cortes Generales,
tanto las de antes como las de ahora, han buscado
siempre adecuar el modelo a las nuevas realidades y una
mejora en la articulación territorial y en la actualización
de competencias, siempre en beneficio de los ciudadanos.
Y en cuanto a los nuevos estatutos de autonomía
aprobados en esta legislatura —siete—, quiero señalarle
y recordarle que todos ellos, con excepción del de Cataluña,
han sido aprobados con el voto favorable del Partido
Popular. Y al hilo de esto me va a permitir que le
haga algunas consideraciones sobre sus falsas afirmaciones
en el petitum de la interpelación. Le recuerdo que
el primer Estatuto de nueva generación aprobado fue el
de la Comunidad Valenciana. ¿Acaso S.S. incluye al
Partido Popular entre los nacionalismos radicales que
dice han apoyado al Gobierno en estas reformas
estatutarias? ¿Son los nuevos estatutos de Valencia, de
Andalucía, de las Islas Baleares, de Aragón y de Castilla
y León también una manifestación de los discursos particularistas
que fracturan la solidaridad de igualdad entre
españoles a los que S.S. hace referencia al presentar la
interpelación? Y respecto del Estatuto catalán, en lugar
de participar de manera constructiva en el proceso de
aprobación de esta reforma estatutaria, ustedes se embarcaron
en una campaña de boicot contra lo catalán de la
que todavía no se han bajado. En primer lugar, se hartaron
de decir que la reforma del Estatuto de Cataluña
era una modificación de la Constitución. El Tribunal
Constitucional puso las cosas en su sitio no admitiendo
un recurso de amparo diciéndoles que no era una reforma
de la Constitución. (Varios señores diputados pronuncian
palabras que no se perciben.—Rumores.)

La señora VICEPRESIDENTA (Calvo Poyato):
Señorías.

La señora MINISTRA DE ADMINISTRACIONES
PÚBLICAS (Salgado Méndez): En segundo lugar, y sin
ningún respeto a la soberanía nacional que reside en esta
Cámara, hicieron gala de una suerte de atropello institucional
planteando un referéndum ilegal que corrigieron
posteriormente con mesas petitorias. Por tanto, ¿cómo
pueden seguir argumentando en su interpelación iniciativas
plebiscitarias con tanto desprecio y menoscabo del
procedimiento establecido constitucionalmente? Es
incomprensible su nivel de incoherencia, echando en
cara al Gobierno que haya formaciones políticas que
defiendan unos referendos, desde luego inconstitucionales,
al tiempo que ustedes son capaces de defender una
iniciativa llevada a cabo por su partido para impedir la
aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña;
iniciativa que contradice abiertamente el procedimiento
de aprobación de las reformas estatutarias y, por
tanto, también puede ser tachada de inconstitucional.
En tercer lugar, dónde está la coherencia de su modelo
de Estado cuando impugnan un estatuto, el catalán, y
apoyan otros, como el de Andalucía, que contiene más
de cuarenta principios idénticos a los impugnados por
ustedes en el Estatuto catalán. En ese tótum revolútum
de su interpelación llegan incluso a falsear la realidad
afirmando que el presidente hizo un reconocimiento en
el Congreso de una suerte —y leo textualmente lo que
ustedes dicen— de derecho de autodeterminación. El
presidente del Gobierno, en el debate celebrado el 1 de
febrero de 2005 en esta Cámara, sobre la propuesta de
reforma del Estatuto de la Comunidad de Euskadi,
afirmó con rotundidad —y cito literalmente— que la
relación del País Vasco con el resto de España la decidirán
todos los vascos, no la mitad, y todos los españoles.
Esto es lo que dijo, añadiendo que apostaba —y sigo
leyendo textualmente— por un nuevo proyecto para
Euskadi y para el conjunto de España; un proyecto que
ha de tener el respaldo de todos y la mirada puesta en el
futuro, que ha de establecer la prioridad en aquellos que
no pueden vivir como seres libres, en el afán de compartir
las aspiraciones nacionales dentro de un gran
proyecto de convivencia, de un gran proyecto que representa
una España orgullosa de su pluralidad. Por cierto,
quiero recordarle que la primera vez que se anunció la
intención de convocar un referéndum en el País Vasco
fue gobernando ustedes, el PP, en marzo del año 2000.
A este respecto en todo momento la posición del
Gobierno ha sido muy clara, el respeto a otras visiones
expresadas por otras formaciones políticas o instituciones,
siempre que se expresen por cauces democráticos.
El límite está en lo que marca nuestra Constitución.
Igualmente, aprovecho para matizarle la alusión
inexacta que hace en su interpelación sobre las declaraciones
del presidente del Gobierno en relación con el
concepto nación. El presidente del Gobierno en ningún
momento llegó a calificar la nación española como un
concepto discutido y discutible, sino que, ante afirmaciones
de su portavoz en el Senado que rezumaban
fundamentalismo, le contestó —y vuelvo a citar textualmente—
que quizá no haya un concepto tan discutido
en la teoría política, en la ciencia política y en la ciencia
constitucional como el concepto de nación. ¿A que no
es lo mismo que ustedes han dicho? En cuanto a la interpelación
que me hace S.S. sobre los símbolos, en la
misma línea y con las mismas intenciones que otras
muchas iniciativas anteriores, tengo que repetirles lo
mismo: no hay ningún problema de símbolos en España,
más allá de la utilización abusiva que ustedes vienen
haciendo con fines partidarios. La actuación del
Gobierno de España en este tema, al igual que los anteriores,
es el de absoluto respeto por la legalidad y una
confianza plena en el funcionamiento del Estado de
derecho, apoyando la persecución de delitos y velando
por el cumplimiento de la Ley de banderas. Lo que sí ha
cambiado es la actitud irresponsable mantenida por su
partido, instrumentalizando unos símbolos que deben
servir para unir, haciéndolos elementos arrojadizos en la
confrontación partidista. La diferencia respecto a situaciones
pasadas es que cuando ustedes gobernaban
durante ocho años no hicieron nada, no plantearon ninguna
reforma legislativa ante situaciones similares a las
actuales, mientras que la diferencia es que la oposición
entonces no utilizaba ni la Constitución, ni la Corona, ni
los símbolos nacionales, ni la guerra de las banderas, ni
la lucha antiterrorista en el enfrentamiento partidario.
Tampoco hay ningún problema lingüístico, ni se tiene
constancia de persecución a los ciudadanos que desean
que sus hijos estudien en castellano. El sistema de cooficialidad
lingüística reconocido en nuestra Constitución,
el castellano como lengua oficial del Estado y las demás
lenguas oficiales reconocidas por las comunidades autónomas
en sus estatutos, está garantizado por la legislación
vigente. (El señor Fernández Díaz: No es así.) De
manera que el conocimiento de cualquier lengua cooficial
no puede generar discriminación, como se refleja,
por ejemplo, en el Estatuto catalán, que dice taxativamente
en el artículo 32 que todas las personas tienen
derecho a no ser discriminadas por razones lingüísticas,
y previamente el artículo 6 reitera el derecho constitucional
de utilización del castellano y el 33 reconoce a
los ciudadanos el derecho de opción lingüística en sus
relaciones con la Administración.
Termino, señoría, diciéndole que pertenezco a un
Gobierno que se siente orgulloso de lo que hemos hecho
en esta legislatura, de haber afrontado retos importantes
que afectaban al Estado de las autonomías y a los ciudadanos
y que hemos solventado satisfactoriamente en su
beneficio; de una política territorial basada en el respeto,
el diálogo y la cooperación entre las instituciones, en
lugar de la confrontación de épocas anteriores. Esta ha
sido la legislatura con más y mayores reformas de calado
en beneficio de los ciudadanos, de la solidaridad y de la
cohesión; esas cosas, por cierto, de las que su partido no
quiere que se hable. ¿Sabe cuál es la diferencia? Que
mientras que el Gobierno se preocupa por las personas,
se dedica a ofrecer buenos resultados y a tener una solución
para cada problema, ustedes me temo que se han
convertido en un problema que no tiene solución.
(Aplausos.)

La señora VICEPRESIDENTA (Calvo Poyato):
Muchas gracias, señora ministra.
Señor Fernández, su turno de réplica.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señora presidenta.

Señora ministra, le voy a decir una cosa con todo
respeto, por supuesto. Se nota que usted no era la
ministra de Administraciones Públicas cuando se tramitó
el Estatuto de Cataluña. Usted me puede dar lecciones
de muchas cosas, pero le aseguro que del Estatuto de
Cataluña y de Cataluña no le acepto ninguna. Se lo digo
con toda humildad pero con toda sinceridad. Por tanto,
no me tiene usted que explicar a mí cuál fue la tramitación
del Estatuto de Cataluña. Usted entonces era
ministra de Sanidad y se nota.
Ha traído un discurso escrito evidentemente, donde
ha empezado a hablar de que yo he traído aquí un cuento
apocalíptico para acabar descalificándonos, como es
habitual. Le voy a contestar muy sintéticamente. Primero,
lo del boicot a los productos catalanes es demasiado
serio como para que usted lo diga aquí. No se lo
acepto bajo ningún concepto. (Rumores.) Decir que el
Partido Popular ha promovido el boicot a los productos
catalanes solo se puede decir desde la manifiesta mala
fe. ¿Está claro? Y no se lo acepto. (Varios señores diputados:
¡Muy bien!— Rumores.)
Hablar de tótum revolútum cuando usted compara
referendos de autodeterminación anunciados por el señor
Carod-Rovira…, oiga, si yo me tomo en serio que el
señor Carod-Rovira es el conseller de la Vicepresidencia
de la Generalitat de Catalunya, no sé si usted se lo toma
en serio o no, que plantea un referéndum para el 11 de
septiembre del año 2014 y que está trabajando en esa
dirección, por cierto, desde el Gobierno de la Generalitat
de Catalunya, presidida por un socialista. Yo me tomo
en serio al lehendakari Ibarretxe cuando dice que quiere
plantear un referéndum de soberanía. Que usted compare
eso con una recogida de firmas para apoyar políticamente
una proposición no de ley como hizo el Grupo
Parlamentario Popular, si habla en serio es que usted no
es digna de estar en el banco azul, y si habla en broma
no es el momento. ¿Está claro? (Varios señores diputados:
¡Muy bien!) Porque nosotros esas cosas nos las
tomamos en serio y usted me habla de tótum revolútum.
Hablemos en serio, señora ministra, que estamos
hablando de cosas serias.
Tercero, que me hable a mí de reescribir la historia
cuando ustedes han hecho la Ley de Memoria Histórica…,
¡por favor!, cuando han creado ustedes el Centro
Documental de la Memoria Histórica y pretenden establecer
por ley la memoria histórica, identificando que la
ley lo que tiene que decir es que los españoles acepten
que la historia de la guerra civil, de la posguerra y de la
preguerra civil es la del señor Zapatero, pero por favor,
¿dónde estamos? Que ya somos mayorcitos, y ese debate
ya lo hemos tenido, pero no nos hable a nosotros de
reescribir la historia cuando han aprobado ustedes una
Ley de Memoria Histórica. Por otra parte, le digo,
señoría, en relación con las banderas, que hay una diferencia
entre cuando gobernábamos nosotros y ahora.
Entre otras cosas, y no es menor, tenemos ya una interpretación
auténtica y válida de la ley hecha por el Tribunal
Supremo, y supongo que siendo el Tribunal
Supremo quien se ha pronunciado muy exhaustiva y
casuísticamente en torno a cómo debe interpretarse y
aplicarse la Ley de banderas, estamos en un Estado de
derecho y, por tanto, el Gobierno se toma en serio lo que
ha dicho el Tribunal Supremo y actúa en consecuencia
con los requerimientos correspondientes. En todo caso,
acépteme, señora ministra, que por lo menos los alcaldes
del Partido Socialista, que es el partido del Gobierno,
han de cumplir y hacer cumplir la ley de manera ejemplar,
aunque solo sea —que no sea obligatorio— para
exigir a los demás lo que de entrada empiezan a exigirse
a sí mismos, que es una cosa que prometen o juran
cuando toman posesión de sus cargos, que es cumplir y
hacer cumplir la ley, también, señora ministra, la Ley de
banderas.
En relación con la lengua, tampoco en eso, con todo
respeto —qué quiere usted que le diga—, le acepto lecciones.
Le vuelvo a reiterar lo que le dije antes. Se nota
que usted no era la ministra de Administraciones
Públicas cuando se tramitó el Estatuto de Cataluña La
política de normalización lingüística en Cataluña, que la
conozco perfectamente como otros diputados que
estamos en esta Cámara, es una política que fundamentalmente
lo que persiguió en un primer momento —hablo
de la política de normalización lingüística que mejor
conozco, que es la catalana— fue intentar, utilizando un
término que en la discusión política empleamos habitualmente
aunque no me guste a mí, una cierta discriminación
positiva en favor del catalán que estaba en objetiva
inferioridad de condiciones respecto al castellano
después del franquismo, eso era evidente. Tenía, por
tanto, desde nuestra perspectiva, esa finalidad y, por su
naturaleza, un periodo de transitoriedad. Un Gobierno
distinto podía cambiar de política. Lo que han hecho
ustedes ahora es llevar esa política de normalización
lingüística al Estatuto de Cataluña y ya no se puede
cambiar porque, claro, un Estatuto no se hace cada día,
y menos un Estatuto del 151 como el de Cataluña. Por
cierto, fíjense ustedes cómo han legislado que frente a
lo que se dice de reforma del Estatuto, han hecho un
Estatuto nuevo, han derogado el anterior y como el Tribunal
Constitucional derogue alguna norma del Estatuto,
va a haber un vacío jurídico competencial para la Generalitat
de Catalunya. Eso es en lo que estamos. Lo cierto
es que al final se está sancionando a comercios en Cataluña
por rotular en la lengua española oficial del Estado.
Lo cierto es que hay padres que no pueden decidir en
qué lengua quieren que se enseñe a sus hijos, teniendo
en cuenta muy claramente que esa lengua en ese caso
concreto es el castellano, que es su lengua materna y que
es lengua oficial del Estado también en Cataluña, como
en Galicia, como en el País Vasco, como en Baleares,
como en Valencia. Por supuesto que la política de normalización
lingüística y la política educativa han de
permitir que al salir de sus estudios lógicamente han de
dominar las dos lenguas, la propia o específica de su
comunidad y la común, general y oficial en todo el
Estado, que es el castellano.
Por último, me ha dicho usted que he hecho una alusión
inexacta a esa famosa aseveración que se imputa al
presidente del Gobierno en relación con que la nación
es un concepto discutido y discutible. No estaba usted
en el Congreso esta tarde cuando el señor Erkoreka abrió
el turno de sesión de control, porque empezó por decirle
eso. Y yo creo que el presidente del Gobierno, si la alusión
hubiera sido inexacta, se la hubiera corregido, y no
se la corregido. Me parece que usted en este caso ha sido
más papista que el Papa, es decir, ha sido más zapaterista
que el señor Zapatero.
Muchas gracias. (Un señor diputado: ¡Muy bien!—
Aplausos.)

La señora VICEPRESIDENTA (Calvo Poyato):
Gracias, señoría. Señora ministra, su turno de dúplica.

La señora MINISTRA DE ADMINISTRACIONES
PÚBLICAS (Salgado Méndez): Muchas gracias, señora
presidenta.
Usted ha dado una respuesta breve y la mía también
lo va a ser. Simplemente quiero decirle que continúan
acudiendo al catastrofismo, exagerando la anécdota y
construyendo realidades que no existen, porque verdaderamente
lo que les importa es recuperar el poder como
sea. Quisiera decirle que España desde luego no se
rompe, lo han dicho ustedes muchas veces, y por el
contrario los españoles piensan que somos un país
mucho mejor, con más bienestar, con más derechos y
con más democracia. De la misma manera que no ha
desaparecido la familia, sino que se ha beneficiado de la
fortaleza de políticas de apoyo. ¿De verdad quieren
defender la Constitución española y sus símbolos? Pues
si es así empiecen por ser respetuosos. Ustedes mismos
no respetan las instituciones cuando se instrumentaliza
la justicia constitucional por intereses partidista, cayendo
en el abuso de derecho o fraude procesal como les ha
dicho el Tribunal Constitucional, ni cuando por esos
mismos intereses bloquean la renovación de órganos
constitucionales como el Consejo General del Poder
Judicial o el Tribunal Constitucional. Tampoco se respetan
los valores constitucionales con ese relativismo
moral que ustedes practican cuando hablan de la unidad
de España pero se dedican a dividir a los españoles;
cuando lo que es bueno para ustedes en el Estatuto
valenciano es malo para el catalán; o cuando con la
reforma del Estatuto de Canarias se opusieron en el
Parlamento insular por considerarlo inconstitucional
convirtiéndose muy poco después en su máximo valedor
para poder así formar Gobierno en esa comunidad —esas
no son precisamente muestras de coherencia-; o cuando
gobernando minimizaron el fenómeno de las banderas
y vienen intentando llevar por la vía penal lo que la
doctrina legal viene diciendo que ha de ser por la vía
contencioso-administrativa. Señoría, le insisto en que el
Gobierno no puede dar órdenes a los alcaldes. Señoría,
de verdad, si quieren garantizar la igualdad y la solidaridad
entre los españoles interioricen de verdad lo que
una diputada de su grupo dijo en una de las muchas
iniciativas sobre los símbolos —cito literalmente—:
Cuando se renuncia a cumplir la ley lo que se está
haciendo es atacar directamente los derechos de los
españoles. Aplíquenselo ustedes donde gobiernan con
leyes como igualdad, la LOE, la dependencia o las
ayudas para el alquiler a los jóvenes que se quieran
emancipar.
Termino, señoría, con un llamamiento a la cordura. Si
de verdad creen en la soberanía nacional, en los valores
constitucionales y en sus instituciones, rectifiquen su
comportamiento, sean más respetuosos, no utilicen, por
ejemplo, los órganos de cooperación entre Estado y
comunidades autónomas con actitudes estrambóticas,
como han hecho en las dos conferencias sectoriales
celebradas hoy, abandonen los intereses espurios que les
mueven, tomen una dosis de sensatez y tengan fe en
España, esa sinfonía incompleta, que diría Ramiro de
Maeztu, y que entre todos tenemos que perfeccionar.
Muchas gracias. (Aplausos.—Un señor diputado:
¡Muy bien!)

Pleno del Congreso de los Diputados, 12 diciembre 2007

PREGUNTA DEL DIPUTADO DON JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ, DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, QUE FORMULA A LA SEÑORA MINISTRA DE FOMENTO: ¿CREE LA MINISTRA DE FOMENTO QUE EL DESASTRE DE SU GESTIÓN PUEDE ESTAR INCENTIVANDO EL INDEPENDENTISMO EN CATALUÑA?

El señor PRESIDENTE: Pregunta a la señora
ministra de Fomento de don Jorge Fernández Díaz.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
¿Considera la ministra de Fomento que el desastre de
su gestión puede estar incentivando o fomentando el
independentismo en Cataluña?

El señor PRESIDENTE: Señora ministra.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): No, señoría, en absoluto. Ni mi gestión es un
desastre ni estoy fomentando el independentismo en
Cataluña. Muchas gracias. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Señor Fernández.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Señora ministra, que
usted tiene una alta valoración de su capacidad como
gestora pública es evidente, tan evidente como que la
inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña no
comparten su opinión. Lo cierto es que, como usted sabe,
la insatisfacción social acaba por tener siempre reflejo
en la política y esta a su vez induce a ciertos comportamientos
ciudadanos. En Cataluña está creciendo el
independentismo y el equivalente al CIS catalán acaba
de decir que desde marzo pasado ha subido cinco puntos
porcentuales, y se vincula directamente esta subida del
independentismo con la desafección hacia España fruto
del malestar generalizado que se está produciendo en el
conjunto de la ciudadanía catalana con ocasión del caos
prolongado y continuado en la gestión de los servicios
públicos que dependen de S.S. en Cataluña, concretamente
motivados por las obras de la llegada del AVE a
Barcelona, el servicio de Cercanías de Renfe, pero también
el aeropuerto de Barcelona, autopistas de peaje,
etcétera.
Usted puede pensar eso. Yo le diré, señoría, que lo
lógico es que, ante una mala gestión, los ciudadanos
cambien de voto, pero hay algunos, sobre todo los nacionalistas,
que consideran que lo oportuno es cambiar de
país. Nosotros no actuamos así y, como vio usted, no
fuimos a esa gran manifestación que hace unos días se
celebró en Barcelona, mezcla, como decía el diario La
Vanguardia, de un cierto nacionalismo desacomplejado
y de una indignación sin precedentes como consecuencia
de la nefasta gestión de SS. al frente del Ministerio de
Fomento. Las cosas son así. A nosotros no nos gustan
nada, ni como ciudadanos, ni como usuarios, ni como
catalanes y españoles que nos sentimos plenamente. Por
eso, insisto, no fuimos a la manifestación, pero usted
está haciendo mucho por la desafección hacia España y
los independentistas catalanes están muy contentos; lo
dicen sus máximos dirigentes, lo dicen los diputados, lo
dice la opinión pública catalana en general. De nosotros,
del PP, en la pasada legislatura decían que con nuestras
actitudes fomentábamos el crecimiento de la desafección
de Cataluña hacia España. Es evidente, señora ministra
de Fomento, señora Álvarez, que no la conocían a usted.
(Varios señores diputados: ¡Muy bien!)

El señor PRESIDENTE: Señora ministra.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): Gracias, señor presidente.
Señoría, yo trabajo para dotar a Cataluña de unas
importantes infraestructuras de transporte, como son el
AVE o las Cercanías, y también he trabajado para arreglar
cuanto antes un serio problema que se nos ha presentado
en la construcción del AVE y que ha creado
molestias e inconvenientes. Ese es mi trabajo, señoría,
pero si me interesara saber cómo se estimula el independentismo
en Cataluña, esté seguro de que acudiría a su
partido (Un señor diputado: ¡Muy bien!), porque
cuando ustedes llegaron al Gobierno Esquerra Republicana
tenía un diputado y cuando los ciudadanos los
desalojaron del Gobierno con sus votos, lo dejaron en
ocho diputados y con un grupo parlamentario. Yo no sé,
señoría, en qué teoría política se basa usted para concluir
que a más inversiones, más independentismo, pero con
esta teoría comprendo que no hayan invertido en Cataluña,
lo hacían con buena intención. (El señor Campos
Arteseros: ¡Muy bien!), con la intención de defender
la unidad de España. (Rumores.) Sin embargo, yo,
señoría, no creo en esa política. Creo que para la unidad
de España son una pieza básica las infraestructuras de
transporte y, por tanto, la inversión. Por eso, en los Presupuestos
Generales de Estado hemos destinado en
cuatro años hasta 600 millones más que ustedes en ocho
años y hemos ejecutado en Cataluña un 57 por ciento
más de inversiones, diez puntos más, señoría, que la
media nacional. Además, hemos resuelto todos los problemas
que han ido surgiendo y los que hemos heredado
de su nula gestión. Esté tranquila SS. que, como decía
Manuel Azaña, nadie se alzó nunca al grito: O pantanos
o muerte. Le aseguro que un problema en una obra no
es un estímulo al independentismo. Sí lo puede ser,
señoría, la irresponsabilidad de los dirigentes políticos
que, como ustedes, confunden a los ciudadanos defendiendo
una cosa y la contraria para sacar ganancia a río
revuelto. El problema de las Cercanías, señorías, ya lo
hemos arreglado, lo hemos resuelto, pero el problema
de su irresponsabilidad y de su demagogia estoy segura
de que lo resolverán los ciudadanos en marzo. (El señor
Campos Arteseros: ¡Muy bien!—Aplausos.)

viernes, noviembre 30, 2007

Pleno del Congreso de los Diputados, 28 de noviembre de 2007

PREGUNTA ORAL EN PLENO DEL DIPUTADO DON JORGE FERNÁNDEZ
DÍAZ, DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR
EN EL CONGRESO, QUE FORMULA
A LA SEÑORA MINISTRA DE FOMENTO:
¿CONSIDERA LA MINISTRA QUE LA ALTA
VELOCIDAD ESPAÑOLA ES «LA ENVIDIA
DEL MUNDO», DEBIDO A SU GESTIÓN?

El señor PRESIDENTE: Pregunta del diputado señor
Fernández Díaz.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
Señora ministra en el «Diario de Sesiones» que recoge
la votación correspondiente a la moción de reprobación
de usted como ministra de Fomento figura que el resultado
de la votación fue de 169 votos a favor de su reprobación
—de su cese, por tanto— y 174 votos en contra.
Ha quedado aclarado después que fue un error material
y vamos a pedir la correspondiente rectificación oficial
en el «Diario de Sesiones», pero en definitiva lo que sí
sabemos —lo sabe todo el mundo— es que el resultado
fue de 173 a 170 o, dicho de otra manera, que gracias al
voto de dos diputados tránsfugas usted ayer no fue reprobada
por este Congreso de los Diputados. (Un señor
diputado: Muy bien.) Y gracias también a alguna
ausencia que hoy es presencia y la ha criticado mucho y
que si ayer hubiera estado presente y hubiera votado en
coherencia con lo que había dicho hubiera sido usted
reprobada y por goleada. (Un señor diputado: ¡Muy
bien!— Aplausos.)
Señora ministra, dicho eso también le quiero decir
algo porque después escuchamos cosas que no tienen
nada que ver con la realidad. Mi grupo parlamentario
nunca, ni ayer ni nunca, ha pedido su cese, su reprobación
política, por ser mujer, ni por ser andaluza, ni por
haber nacido, ni por su sonrisa, ni por su forma de vivir,
que quede claro. Hemos pedido su cese por su prepotencia
y por su ineficacia. (Un señor diputado: Eso.)
Es decir, hemos pedido su cese porque usted no ha sido
capaz de dimitir para asumir su responsabilidad política
a la vista de todo lo que se está produciendo, de manera
muy particular en Cataluña con el caos que todo el
mundo conoce. Digo todo el mundo porque ya todos los
españoles, según la última encuesta del Centro de Investigaciones
Sociológicas, la han calificado a usted como
la ministra peor valorada del Gobierno. A la vista de
todos estos precedentes, señora ministra, yo le pregunto
a usted, como consta en el «Diario de Sesiones», si considera
que la alta velocidad española es la envidia del
mundo gracias a su gestión. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Señora ministra.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): Gracias, señor presidente.
Señoría, estoy aquí por los votos. Señor Fernández,
estoy aquí por los votos, por lo mismo que ustedes están
allí. (Un señor diputado: ¡Ahí, ahí!— Aplausos.—Protestas.)

El señor PRESIDENTE: Silencio, por favor.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): Le voy a decir una cosa… (El señor Martínez-
Pujalte López: Por los tránsfugas.—Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Señor Martínez-Pujalte, le
llamo directamente al orden. Cuando ha intervenido el
señor Fernández Díaz ha tenido unas condiciones de
debate aceptables. ¡Usted no grita! Se lo digo muy en
serio. Le llamo directamente al orden. ¡Usted no grita!
Respeten a quien esté en el uso de la palabra, como se ha
respetado al señor Fernández Díaz. Usted no grita y le
llamo directamente al orden.
Continúe, señora ministra.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): Gracias, señor presidente.
Señor Fernández, lo único que me preocupa de mi
valoración es que es similar a la del señor Rajoy, solamente
que él es candidato a la Presidencia. (Aplausos.)
Señoría, jamás he dicho que la alta velocidad de España
sea la envidia del mundo por mi gestión. He dicho que
es la envida del mundo, el resto se lo han inventado
ustedes como tienen costumbre de hacerlo sistemáticamente.
(Rumores.) Señoría, en 1964 empezó la alta
velocidad en Japón; en 1981, en Francia; en 1992, le
recuerdo —no sé si sabe usted lo que significa 1992:
socialistas— que con el Gobierno socialista, empezó en
España. Ustedes la paralizaron y nosotros la hemos
vuelto a poner en el primer sitio del mundo. Somos la
envidia del mundo y de ustedes. (El señor Martínez-
Pujalte López y la señora Torme Pardo pronuncian
palabras que no se perciben.—Rumores.—La señora
Lasagabaster Olazábal pide la palabra.)

El señor PRESIDENTE: Silencio.

Señora Lasagabaster, las cuestiones de orden en la sesión
de control al final de la sesión. No se puede interrumpir
ahora porque si no esto se convertiría en una sucesión de
alusiones y cuestiones de orden. Lo he explicado muchas
veces. Tenemos ahora cinco preguntas sobre un tema delicado.
Yo pido que se respete a quien esté en el uso de la
palabra y, cuando hayan terminado la pregunta y la respuesta,
entonces, si es necesario, expláyense. Pero a quien
esté en el uso de la palabra, por favor, que se le respete.
Señora Lasagabaster, las cuestiones orden, por favor,
al final.

Tiene la palabra el señor Fernández Díaz. Pido respeto
y que se le escuche. Adelante.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
Sí, señora ministra, me acuerdo del AVE 1992-1996,
entre otras porque las comisiones del AVE fueron muy
conocidas y desde luego no ha habido comisiones del
AVE cuando gobernaba el Partido Popular, así que si
quiere que entremos en ese debate, entramos en ese
debate. (Aplausos. Un señor diputado: ¡Ahí, ahí!— La
señora Hermosín Bono: ¡Venga ya!— El señor
Martínez-Pujalte López pronuncia palabras que no
se perciben.) Y dicho eso, señora ministra, en relación
con los kilómetros de AVE que usted ha puesto en funcionamiento
y sus condiciones, mis compañeros, los que
van a seguir ahora en el uso de la palabra, la van a interpelar
al respecto. Yo simplemente le quiero decir que en
todo caso, y a la vista de lo que está sucediendo, el AVE
será la envidia del mundo, pero a pesar de su gestión, y
creo que usted haría un favor a la democracia, incluso,
fíjese lo que le voy a decir, hasta a su presidente de
G o b i e r n o , s i d imi t i e r a p o r d i g n i d a d p o l í t i c a .
(Aplausos.—Un señor diputado: Ahí, ahí.—Varios
señores diputados: ¡Muy bien!)

El señor PRESIDENTE: Señora ministra.

La señora MINISTRA DE FOMENTO (Álvarez
Arza): Señoría, cuando usted quiera hablamos de comisiones.
Seguramente ustedes me podrán dar muchas clases
a mí. (Un señor diputado pronuncia palabras que no
se perciben.) Le voy a recordar una cosa que por respeto
tendrían que haber reconocido en este Parlamento, y les
voy a decir un nombre: Julián García Valverde. Le dijeron
ustedes de todo; hicieron con él lo que quisieron; denigraron
a esa persona que ha resultado inocente en los
tribunales. Ahora le tendrían que estar pidiendo perdón y
estar pidiendo disculpas al Partido Socialista.
(Aplausos.—El señor Campos Arteseros y la señora
Hermosín Bono: ¡Muy bien!)
Señorías, ustedes de alta velocidad sería mejor que no
hablaran. No han puesto ni un solo kilómetro de alta
velocidad ni un solo tren de alta velocidad y estuvieron
ocho años gobernando. Señorías, si les parece tan fácil
la obra de alta velocidad, ¿por qué castigaron a España
en los ocho años de Gobierno? Ustedes no tienen el más
mínimo respeto a la verdad. (Risas.—Varios señores
diputados pronuncian palabras que no se perciben.)
Sistemáticamente confunden y mienten a los ciudadanos,
y eso, señorías, sí es una falta de respeto. Yo sé que
ustedes quieren que me vaya; lo quisieron en el año 1989
cuando estaba en Andalucía; hicieron la pinza con
Izquierda Unida para que me fuera. Llevan intentando
que me vaya de la política muchos años. Señorías, lo
siento por ustedes, pero yo voy a seguir haciendo cosas
y ustedes aguantando las cosas que hago. (Aplausos.—
El señor Campos Arteseros: ¡Muy bien!)

Pleno del Congreso de los Diputados, 27 de noviembre de 2007

MOCIÓN DEL GRUPO PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA
UNIDA-INICIATIVA PER CATALUNYA
VERDS, SOBRE LA SITUACIÓN DE
ACCESIBILIDAD Y MOVILIDAD FERROVIARIA.

El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario
Popular tiene la palabra el señor Fernández.
El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Gracias, señor presidente.
La ausencia hoy de la ministra de Fomento es todo
un paradigma de por qué hoy estamos aquí. Es una falta
de respeto a esta Cámara que cuando se va a debatir una
moción de reprobación (Aplausos.) a la ministra, después
de que implícitamente este Pleno ya la reprobara
el pasado 21 de marzo, que la Comisión de Fomento la
reprobara el pasado 14 de agosto, que el pasado 16 de
noviembre —hecho absolutamente insólito, porque es
la primera vez que pasa en la historia— el Parlamento
de Cataluña pidiera el cese de una ministra del Gobierno
de la nación y que hoy que el Congreso de los Diputados
está debatiendo esto, ella no esté presente, refleja cuál
es la situación por la que están atravesando centenares
de miles de usuarios, de ciudadanos de Cataluña que
están sinceramente hartos de la ineficiencia, de la ineficacia,
pero sobre todo de la falta de respeto, de un
supuesto talante del presidente del Gobierno y de la
ministra de Fomento que no respeta a los ciudadanos de
Cataluña. (Aplausos.—Rumores.) Sí, y digo falta de
respeto porque sabemos muy bien que constitucionalmente
el presidente del Gobierno no está obligado por
el Parlamento de Cataluña, ni siquiera por este Congreso,
a cesar a una ministra, pero las formas, la educación
y el respeto son muy importantes en la vida. El
Parlamento de Cataluña representa al pueblo de Cataluña
y es una parte muy importante de ese pueblo de
Cataluña, y desde hace meses y meses, señorías, centenares
de miles de personas diariamente están viendo
afectadas sus vidas cotidianas por la situación que el
Ministerio de Fomento y el Gobierno de España están
provocando allí con su ineficacia. Y cuando el Parlamento
de Cataluña hace esa reprobación y la respuesta
del presidente del Gobierno dos días después es homenajear
en público a esa ministra, es una falta de respeto;
así de claro, es una falta de respeto. (Aplausos.)
Los diputados de otros grupos que legítimamente no
van a apoyar esta moción han de tener muy presente que
algo excepcional está pasando en Cataluña para que

tengamos una situación como esta. ¿Ustedes creen que
si no fuera una situación absolutamente excepcional
Esquerra Republicana, Iniciativa per Catalunya e
Izquierda Unida, Convergència i Unió y nosotros
podríamos coincidir en una votación en el Parlamento
de Cataluña, rompiéndose el Gobierno tripartito y coincidiendo
aquí? No saben ustedes lo que está pasando allí.
Por eso decimos, señorías, que hoy es un día muy importante.
Ya sabemos que se ha llegado a acuerdos legítimos
con otros grupos nacionalistas que, al parecer, entienden
la solidaridad cuando va contra el Estado pero no cuando
va a favor de los ciudadanos. Y se apoyan presupuestos
en otra Cámara y después no se reprueban a ministras;
la señora ministra, que por algo hemos visto en la
encuesta del CIS que es la peor valorada del Gobierno.
Es decir, que los ciudadanos de toda España, no solo de
Cataluña, están tomando muy buena nota de lo que está
pasando y de determinadas actitudes y determinados
talantes que ofenden a una parte muy importante de los
ciudadanos de Cataluña, cuando está pasando eso, que
previsiblemente sean dos diputados tránsfugas los que
salven a la ministra de la reprobación, dice muy bien en
qué situación estamos.
Señorías, quiero recordarles que en esta Cámara, en
Pleno y en Comisión, llevamos meses y meses debatiendo
acerca de esta situación. No es un tema que haya
aparecido con una fuerza mayor sobrevenida; no es un
accidente imprevisible o que, siendo previsto, sus consecuencias
no pudieran ser evitables. No, estamos ante
una situación que lleva meses y meses produciéndose.
Y hemos tenido debates en Pleno con la ministra, debates
en Pleno con el presidente del Gobierno y el líder de la
oposición, debates en Comisión, debates en Diputación
Permanente; ha habido fechas y compromisos incumplidos
reiteradamente; ha habido planes de actuación
reiteradamente incumplidos. El 21 de marzo y antes se
habló del Plan de actuación urgente. Después se habló
de la creación del Centro coordinador de operaciones
ferroviarias de Barcelona. Se habló del traslado permanente
del secretario de Estado de Infraestructuras a
Barcelona para resolver, por la vía de la proximidad, la
situación que se estaba padeciendo. Se habló de que a
partir del 12 de septiembre ya no habría problemas. Se
habló después de que el 21 de diciembre el AVE llegaría
a Barcelona. Aprovecho para decir que mi grupo parlamentario
no tiene ninguna duda en cuanto a que el AVE
es una infraestructura ferroviaria y un medio de transporte
que apunta claramente al progreso, a la competitividad
de la economía y a la modernidad, y que estamos
absolutamente a favor del AVE, lo cual no es en absoluto
incompatible —sino todo lo contrario— con que
creemos, efectivamente, que el servicio de Cercanías
requiere una calidad en su prestación y que hace mucho
tiempo —hasta la anterior presidenta de Renfe, Mercé
Sala, socialista, lo dijo— que se ha dejado de la mano
de Dios por parte de los gestores de ADIF, por parte de
los gestores de Renfe y por parte del Ministerio de
Fomento y singularmente de la ministra de Fomento.
Termino, señor presidente. Tomen nota, señorías, de
lo que aquí está pasando. Tomen nota de si esta Cámara
se merece en términos políticos que en un debate como
este que a todos nos convoca, la ministra sometida a
reprobación ni siquiera esté aquí presente. Ya sabemos
que va a Perpignan y no va a Cataluña; ya sabemos que
el presidente del Gobierno va a Barcelona y a Hospitalet
y al barrio de Bernal y no va con la ministra, pero la
ministra tampoco viene al Congreso de los Diputados a
dar la cara. Y no es un problema de carácter andaluz,
señora ministra de la Vivienda, (Rumores.) ni se solventa
esto repartiendo euros como prometió usted ayer a los
vecinos del barrio de Sants, que están padeciendo esa
situación diariamente. (Aplausos.) No se arregla así el
problema. Tendremos ocasión de tratarlo en la campaña
electoral donde los ciudadanos van a tomar muy buena
nota de lo que aquí ha pasado y de la falta de respeto de
un Gobierno cuyo presidente y cuya ministra no están
presentes cuando se debate la solución de un problema
que les afecta diariamente desde hace muchos meses.
Muchas gracias. (Aplausos.—La señora Cunillera
i Mestres: Rajoy tampoco está.—Rumores.)

martes, noviembre 06, 2007

Congreso de los Diputados. Comisión de Interior, 6 noviembre 2007

COMPARECENCIA DEL MINISTRO DEL INTERIOR PARA INFORMAR SOBRE EL CUMPLIMIENTO DE LAS RECOMENDACIONES DE LA COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN SOBRE EL ATENTADO DEL 11 DE MARZO DE 2004


La señora PRESIDENTA: Le corresponde ahora el turno al portavoz del Grupo Parlamentario Popular. Tiene la palabra el señor Fernández.

El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Empiezo, señor ministro, señor Rubalcaba, por donde usted acabó su intervención. Usted ha hecho una intervención que ya hubiera deseado yo que hubiera sido la que realizó, por ejemplo, el pasado 1 de noviembre en su rueda de prensa como ministro del Interior para hacer una primera valoración de la sentencia evacuada por la Audiencia Nacional el día anterior, y que también hubiera mantenido ese mismo tono institucional de hoy -de consenso, de búsqueda y recuperación de la unidad en la lucha antiterrorista- no solo durante los días 11 al 14 de marzo de 2004, sino en los tres años y medio que desde entonces a aquí han mediado. Usted ha dicho que desearía que los grupos que estamos aquí representados diéramos por cerrado el debate hoy, que todos acatáramos la sentencia, que miráramos hacia delante y que, en el espíritu y la letra de la última de las recomendaciones aprobadas por la comisión de investigación, recuperáramos la unidad en la lucha antiterrorista para que el 11-M no se vuelva a repetir. Tengo que reconocer que in vitro, si hiciéramos abstracción del tiempo, su intervención de hoy habría avalado realmente ese deseo, porque ha hecho una intervención técnica, ni siquiera política, sin que el calificativo de técnica tenga ninguna connotación peyorativa; usted me entiende perfectamente, señor Rubalcaba. Pero les tenemos que decir a ustedes, que ahora les gusta tanto hablar de memoria histórica, que la historia no empieza ni acaba hoy, día 6 de noviembre, en esta Comisión. Tenemos muchos antecedentes como para que -por decirlo con toda sinceridad y claridad- nos fiemos de su buena voluntad, no personal sino política, y de su buena fe política y de la del Gobierno al que usted representa y que preside el señor Rodríguez Zapatero. ¿Por qué digo eso? En primer lugar, porque estamos hoy aquí por una petición de comparecencia de Izquierda Unida para hablar presuntamente -si quiere, realmente- de lo que ha hecho el Gobierno para cumplir las recomendaciones que acordó la Comisión de Investigación del 11-M. Por cierto, conclusiones desde las q